Miro la forma de un techo desconocido, cada depresión, cada pico, cada imperfección es un surco del vinilo que hace sonar el hilo musical de mi encierro. La aguja: mi cabeza. Daré cuerda al tocadiscos.
A fuego rápido, huidizo, impaciente Se cuece el corazón en una cazuela de barro, El mismo en el que chapoteamos De niñas. Ahora el corazón huele a especias, Romero, hierbamala, tomillo y latidos Dan una salsa amarga Que al reposar cubierta con un paño blanco Se puede comer en rojo.
Comentarios