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exTRAÑA

Extraña de ocho patas que sube por el cuello, tatuándome a mordiscos el veneno de la duda. En la sangre me quema los sueños, me mata la musa, me mece en la nada. Ansia y vomito palabras que excavan el suelo, hormigas que dejan tras de si la impertinencia de saber un secreto que te salva. La extraña crea una red y se mece en mi oreja.

Fu-EGO

Llámame hasta los huesos, Calcíname y pinta las paredes de tu casa Con el blanco polvo de mi urna. Tu casa nunca brillará al sol Porque yo me comeré sus rayos.

Corazón de Estrofa

A fuego rápido, huidizo, impaciente Se cuece el corazón en una cazuela de barro, El mismo en el que chapoteamos De niñas. Ahora el corazón huele a especias, Romero, hierbamala, tomillo y latidos Dan una salsa amarga Que al reposar cubierta con un paño blanco Se puede comer en rojo.
Llamas al fuego que lame mi arena, calentando mi cráneo hasta hacerlo cristal, así, transparentes mis pensamientos seré un libro abierto imposible de cerrar.
Miro la forma de un techo desconocido, cada depresión, cada pico, cada imperfección es un surco del vinilo que hace sonar el hilo musical de mi encierro. La aguja: mi cabeza. Daré cuerda al tocadiscos.
Usar la cabeza como remiendo de esta brecha abierta en las tierras de mi pecho. Plantar un árbol sin raices que impidan corrimientos de vida que me entierren en la arena del tiempo.
Todo el aliento de mi cuerpo me convierte en una botella rosa que descorchar cuando quieras celebrar la victoria de tu amor.
De pequeña me decían que quisiera ser tan alta como la luna, yo prefiero ser pequeña como la tierra y volar alto hasta la luna.

ACERCA DE MIRALEJOS.

Escribí este pequeño cuento/poemario hace unos años, inspirada por los días de mi infancia que pasé cerca del mar, cuando mi padre trabajaba en un pequeño taller donde construía barcas (chalanas) para pescadores y algunos otros de dudosa profesión. En mi memoria se escribieron amaneceres, olas, escalibures en el horizonte, colores, el salitre, un cante flamenco que tardé mucho en asimilar (¿Ó en apreciar?), coquinas en la orilla, cristales tallados en sal (cada uno con su correspondiente historia y aventura por las corrientes marinas), el viento de levante, espirales en la arena, sueños por cumplir. Tardé mucho en procesar estos recuerdos, en darles una forma que finalmente, ó quizá momentáneamente, ha sido "Miralejos" .

MIRALEJOS 13

13. La duda es un gateo, siamés mezquino. Arañaba a Miralejos rostro y voluntad, Enrojeciendo, gota a gota, su pecho. Perdida la cuenta en años, minutos y paciencias, La orilla se desordenó en marea Fue Olas arrinconadas, por una bulería. Miralejos abrió sus brazos y la orilla, Sonriendo en presente continuo, Ese que se olvida a si mismo. Abrazo de rotos y descosidos, Rueda de afilar naufragada, Manos en espaldas, Miedos en redes de arrastre, Alientos sin contener El futuro.

MIRALEJOS 12

12. Estar, Verbo más complicado que Ser. Estar para ser de ti. Estar para ser algo más que un estado, Pasajero, huidizo, rumor Desdibujado en la niebla. Los amaneceres son grises Tras los párpados del Afilaor, Piden tintes de azafrán y moras, Biznagas de melancolías.

MIRALEJOS 11

11. Bebió el Afilaor agua de mar, (llena de pasos, perdidos y borrados) la sal quemó su garganta y encendió el valor para admitir la cobardía en cada arruga de su frente. Una por cada mañana que no se rompía A pedazos para cruzar la orilla, Por cada noche que no se dejaba coser Por las manos de Miralejos.

MIRALEJOS 10

10. Una gaviota punzó la humedad de la mañana, Goteó añil sobre el rocío de la noche. El Lorenzo quebró el horizonte con su peso, Derramando luz entre los cabellos De Miralejos. El Afilaor, lona de blanca espera, Reflejó sombras de rizos, conchas y un miedo, Miedo a ser y no dejar de ser. El miedo es una piedra roma que no da filo Al futuro.

MIRALEJOS 9

9. Afilaré entonces tus dedos de sal, -dijo él - Aguzaré pues tu piel de brasas, Para deshacerme en pequeños trozos De ti. Quizá, mezclado en arena y coquinas, Entre olas que no rompen la mañana, Disperso entre la espuma que huye al aire. Quizá, solo, quizá.

MIRALEJOS 8

8. Orilla con orilla, Miralejos retuerce un Taranto, Se le rompen las muñecas Y canta calma llana. No me ames, Puedo cortarte, Afilaor, -le dice- Con mis ánimos de sal, Con mis fogatas de San Juan, Con esta boca que quiere nadarte.

MIRALEJOS 7

7. Orilla con orilla, Cada amanecer es una esperanza, La última en perderse, La primera en encontrarse. Quisiera, con su cara áspera rozar La mejilla de Miralejos, Susurrar Terral de Junio en sus oídos, Pegarse a su piel como una tarde de Agosto. Quisiera, solo, quisiera.

MIRALEJOS 6

6. ¡Pobre Crédulo el levante! En realidad era él quien hinchaba Las velas del afilaor, Llevándolo ante la mujer amada A cambio de unas notas mal sopladas. Pobre crédulo el viejo, De inocencia pintado su pelo cano. Mira cada mañana a una mujer Que zapatea olas con tacones de salitre.